La estimativa animal y la “cogitativa” humana
La manera que tenemos de acceder al mundo de los valores es una cuestión de profundo interés filosófico-educativo. Los axiólogos emplean el vocablo estimativa para referirse a nuestro modo de captar los valores. Entienden, sin embargo, que no es una facultad cognoscitiva. Los actos de estimar no son actos de conocimiento (nóesis) sino que son puros sentimientos. Estimar adecuadamente algo no quiere decir conocerlo correctamente. “En el curso del percibir sentimental –explica Scheler– “ábresenos“ el mundo de los objetos, mas sólo por su lado valioso. Precisamente la falta frecuente de objetos imaginativos en el sentir intencional muestra que el percibir sentimental es por su parte y de suyo un “acto objetivador“ que no necesita ninguna representación como mediadora” [41]. Los aristotélicos pensaban que la estimativa es el más importante y elevado entre los sentidos llamados internos. Los animales irracionales son capaces de tener una cierta percepción de la utilidad o nocividad que para ellos reviste un objeto determinado. La oveja, por ejemplo, hace una estimación negativa de la proximidad del lobo y, en función de ella, actúa huyendo. Entre esta conducta de escapar del peligro y la estimación negativa que la provoca media, a su vez, el instinto de supervivencia o conservación. Por decirlo así, hay primero un acto cognoscitivo, luego un acto apetitivo y, por fin, una conducta aparente. (Entíéndase que no se trata necesariamente de un proceso cronológico sino de una seriación psíquica cuyos momentos pueden darse, en la realidad, de manera perfectamente simultánea). En tanto que animal, también el hombre está dotado de la capacidad estimativa. En su caso la capacidad estimativa es sustancialmente la misma que la de los animales irracionales, pero está elevada al nivel espiritual que le es propio en tanto que animal racional. (Por ello los aristotélicos llaman a la estimativa humana cogitativa). En consecuencia, además de hacer estimaciones, el hombre es capaz de dar razón de ellas, aunque en un primer nivel instintivo nuestras estimaciones pueden compararse a las que hace un animal superior. En esto estriba la diferencia entre las estimaciones puramente animales y las genuinamente humanas; éstas, sin dejar de ser animales, pueden dar lugar a juicios de valor y a razonamientos axiológicos, mientras que los animales irracionales no pueden pasar del puro sentimiento estimativo, que es conocimiento, ciertamente, pero no intelectual, sino sensible. No cabe duda que poseen percepción estimativa; y nosotros, a posteriori, podemos descubrirla: la inducimos a partir de su conducta aparente. Pero consta igualmente que no son capaces de discurrir a partir de ella. La oveja no concluye: -El lobo es carnívoro. -Yo soy herbívora. -Los carnívoros se alimentan de los herbívoros. -Ergo la presencia del lobo es peligrosa para mi integridad.









